Cuando lleguen los
motines los viejos poetas chilenos
saldrán
a la calle a ver qué pasa
Cuando lleguen los motines la angustia alquilará un cuarto en un
hotel
de mala muerte
y ahí reposará hasta suicidarse
Cuando lleguen los motines a los viejos albañiles chilenos
les crecerán
alas y podrán jugar a caerse de las construcciones
y los pájaros
se pondrán a caminar por las calles ya cansados
de construir
nidos solamente
Cuando lleguen los motines los viejos cantantes chilenos
entonarán
boleros en los boliches perdidos del desierto
y
serán fosforescentes como el pájaro que perseguía
a los mineros
Cuando lleguen los motines los viejos abogados chilenos
podrán
pasarse todo el día en el cine —la platea desierta de butacas
donde los
comandos prenden fuego para calentar la comida
—estos
hombres conversan de cualquier cosa
Cuando lleguen los motines los viejos motines chilenos llorarán
de nostalgia
y pena por no estar vivos
y los waters
estallarán y todas las cañerías en el horizonte negro
van a ser
un puro nudo empapado de mierda
Cuando lleguen los motines la vieja cordillera de los Andes
se va a derrumbar
para que los argentinos puedan venir a Chile
caminando,
para que los poderosos se vayan a esquiar a Suiza
si todavía
tienen ganas de esquiar
Cuando lleguen los motines hasta la vieja Patrona de Chile
atenderá
un prostíbulo aprovechándose de las circunstancias
Cuando lleguen los motines los viejos militares chilenos
bailarán
una cueca frente al mar
y todas las
ballenas acudirán a ver tanta maravilla
y abrirán
sus fauces de ballenas para que por el mundo
haya miles
de jonases
Cuando lleguen los motines los viejos los viejísimos enamorados
chilenos
se dirán
adiós adiós para siempre
Y los ojos de los jóvenes serán policromados
como una máquina
del tiempo,
serán
húmedos y bellos como las hojas que el viento arranca
Cuando lleguen los motines
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